Política

Tevez: del buzo de entrenador al coqueteo por la presidencia de Boca

Carlos Tevez admite su sueño de ser presidente de Boca mientras renueva como DT de Talleres; cruza fútbol, poder y pedidos de transparencia en la dirigencia.

Publicado el 1 de mayo de 2026, 08:05 hs

Tevez: del buzo de entrenador al coqueteo por la presidencia de Boca

Carlos Tevez declaró que le gustaría, en algún momento, ser presidente de Boca mientras negocia su renovación como director técnico de Talleres; tiene 42 años y su vínculo con la Bombonera sigue siendo el eje de su relato, según La Nación del 1/5/2026.

¿Qué dijo exactamente y por qué importa?

Tevez fue claro en dos frentes: el inmediato, su trabajo en Talleres, y el simbólico, su anhelo por la presidencia xeneize. Sobre el primer punto, la nota afirma que Talleres ocupa el cuarto lugar del grupo en el Torneo Apertura y que la renovación del contrato de Tevez con Andrés Fassi «está encaminada» para cerrarse esta semana — datos consignados por La Nación el 1/5/2026. En lo personal, la pieza recuerda que Tevez regresó a Boca en 2015 a los 31 años y que hoy, a los 42, habla sin eufemismos de su futuro. El detalle que lo cambia todo: su prudencia para no intervenir públicamente contra Claudio Úbeda, el técnico actual, por respeto al club que lo lanzó.

¿Es política o folclore futbolero?

Vemos dos lecturas posibles. La primera, la más literal: un ídolo que admite un sueño personal sin haber lanzado una candidatura formal. La segunda, la que conviene analizar con lupa: la política siempre estuvo en las sombras de los clubes grandes. La nota recuerda que Juan Román Riquelme asumió como vicepresidente en 2019 — dato puntual de La Nación — y que Tevez ha tenido tensiones con ese núcleo dirigente. También aparece Mauricio Macri en la anécdota — Tevez contó que Macri le compró casas a su familia y que luego eso quedó asociado a la cuenta por saldar, según su versión publicada por La Nación. No hablamos solo de egos: hablamos de redes de poder que articulan recursos, legitimidad y comunicación en una Argentina donde el fútbol tiene peso político real.

¿Qué nos obliga a pedir transparencia?

Si la vida pública y la pelota se entrecruzan, el resultado exige reglas claras. Desde esta editorial sostenemos que los procesos internos de los clubes —elecciones, rendiciones de cuentas, contratos de transferencias y acuerdos con sponsors— deben ser públicos y verificables, con datos abiertos para la ciudadanía. Pedimos trazabilidad: quién vota, cómo se financia una lista, qué compromisos asumen los dirigentes. La pieza de La Nación recuerda además que Andrés Fassi lleva 40 años como dirigente — un número que habla de continuidad y poder acumulado — y que la figura del ídolo que transita hacia la dirigencia no es nueva. No pedimos romanticismos: pedimos información. La transparencia reduce sospechas y protege tanto al socio como al aficionado común.

Cierre: entre el sueño y la regla

La anécdota con Macri, la admisión de un sueño presidencial y la negociación en Talleres son pequeñas ventanas a una pregunta más grande: cómo regulamos la convivencia entre idolatría y representación. No rechazamos que un exjugador quiera gobernar su club; lo que exigimos es que, si eso ocurre, lo haga en un sistema donde los datos y las reglas estén a la vista. Así como en otras áreas públicas reclamamos rendición y datos abiertos para elecciones limpias, lo mismo corresponde en el fútbol: menos misterio, más información. El detalle que lo cambia todo es ese — un club transparente deja menos espacio para rumores y más para la legitimidad que todo candidato, sea Tevez o cualquiera, necesitará para gobernar.

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