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Trabajadores custodian miles de kilos de queso en Lácteos Verónica tras impago de sueldos

En Lehmann y Totoras los empleados retienen producto y bloquean salidas hasta que la empresa pague salarios atrasados; el BCRA registra miles de cheques rechazados por más de $13.600 millones.

Publicado el 27 de febrero de 2026, 14:05 hs

Trabajadores custodian miles de kilos de queso en Lácteos Verónica tras impago de sueldos

Los trabajadores de Lácteos Verónica mantienen custodiados miles de kilos de quesos en la planta de Lehmann y controlan la salida de insumos y maquinarias hasta que la empresa pague salarios atrasados, que los propios delegados estiman en cuatro meses de deuda. Según La Nación y datos citados del Banco Central (BCRA), la firma acumuló 3.898 cheques rechazados por $13.628.312.893,87 y abonó 965 cheques por un total de $3.015,07 millones (nota La Nación, 26/02/2026). Esa es la punta visible de un conflicto que tiene efectos laborales, productivos y macroeconómicos locales.

¿De qué se trata y qué dicen los números?

La situación es sencilla en su mecánica y compleja en sus consecuencias: empleados sin cobro, planta paralizada y stock de producto retenido. El dato clave es financiero: 3.898 cheques rechazados por $13.628.312.893,87, que muestra iliquidez bancaria o intentos fallidos de pago (según La Nación que reproduce cifras del BCRA). El gremio Atilra reporta que quedaron pendientes cuatro meses de sueldos y que la empresa abonó 965 cheques por $3.015,07 millones (La Nación). Además, en Lehmann mantienen encendida la caldera sólo para conservar quesos, y el gremio estima que procesar entre 800.000 y 1.000.000 litros podría volver a posicionar a la firma en el mercado (fuente: declaraciones de Atilra a La Nación). Esos números muestran que el conflicto es tanto operativo como financiero: hay producto, pero falta caja y acuerdos.

¿Cómo impacta esto en los trabajadores y en el mercado argentino?

Para los trabajadores significa inseguridad laboral e ingresos cortados: cuatro meses sin sueldo implican una pérdida directa en el poder adquisitivo que se traduce en menos consumo local. Para el comercio regional y los tamberos proveedores, una planta parada reduce la demanda de leche fresca; cuando la industria procesa entre 800.000 y 1.000.000 litros (estimación gremial) se habilita un circuito que sostiene precios y empleo. Desde la lente del comerciante: si la empresa no cobra por ventas y enfrenta cheques rechazados (3.898 según el BCRA), los proveedores verán aumentada su exposición al riesgo y podrían reducir entregas. Desde la lente macro, la incapacidad de empresas medianas para honrar cheques alimenta la morosidad en cadena; eso presiona la liquidez regional y puede traducirse en más concursos o remates de bienes si no hay intervención privada o estatal.

¿Qué opciones hay y qué debería cuidar la política económica?

Las soluciones prácticas pasan por cuatro caminos: 1) acuerdo privado con nuevos inversores o compradores que aporten capital de trabajo; 2) reprogramación ordenada de pasivos con acreedores; 3) asistencia financiera transitoria condicionada a la preservación de empleo; 4) intervención judicial o concursual que proteja activos y salarios. El gremio menciona posible traslado de la disputa a Tribunales porteños, pero las plantas están en Santa Fe y el reclamo es local; cualquier resolución forzada puede demorar la reactivación. Desde nuestro diagnóstico previo, apoyamos medidas que alivien a los trabajadores, pero advertimos que sin un ancla macro creíble y acumulación de reservas por flujo el alivio será frágil. La ayuda provincial en alimentos es necesaria a corto plazo, pero no sustituye un plan que recupere caja operativa: sin confianza en los pagos, ni clientes ni proveedores volverán de inmediato. Para el sector lácteo, políticas que aseguren financiamiento comercial y transparencia en la cadena de pagos son prioritarias.

En números: la combinación de 3.898 cheques rechazados y $13.628.312.893,87 en exposición (BCRA/La Nación), cuatro meses de sueldos impagos (Atilra/La Nación) y la estimación de 800.000–1.000.000 litros necesarios para reactivar la producción muestra que la solución requiere dinero fresco y coordinación entre actores privados y públicos. Si no aparece un comprador solvente o una línea de financiamiento condicionada a preservar empleo, el riesgo es la liquidación parcial de activos y pérdida de capacidad industrial en una cuenca lechera regional. Traducido: los quesos que hoy protegen los trabajadores son garantía real de una actividad que, con ayuda y confianza, podría volver a producir y pagar salarios. Nosotros vemos la urgencia social y la necesidad de una respuesta económica ordenada y transparente.

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