Política

El aviso de Arriazu: el desempleo en el Gran Buenos Aires, el riesgo central del plan económico

Arriazu advirtió que el mayor riesgo del programa económico de Milei es el aumento del desempleo en el Gran Buenos Aires; analizamos por qué y qué podría pasar con sueldos, comercios y reservas.

Publicado el 21 de abril de 2026, 08:05 hs

El aviso de Arriazu: el desempleo en el Gran Buenos Aires, el riesgo central del plan económico

Arriazu advirtió que el mayor riesgo del plan económico de Milei es el desempleo en el Gran Buenos Aires. La nota que lo cita salió el 20/04/2026 en Infobae y pone en primer plano lo que para muchos comerciantes y familias es el punto más sensible: si se pierden puestos de trabajo en el conurbano, el golpe se siente rápido en el consumo y en la caja fiscal local (Infobae, 20/04/2026).

¿Por qué el Gran Buenos Aires concentra la preocupación?

Vemos al conurbano como el corazón de la demanda doméstica: concentra hogares, comercios y servicios que sostienen la tracción del resto del país. Arriazu advierte sobre riesgos de desempleo allí porque un aumento del trabajo perdido amplifica efectos en cadena: menos consumo, menor recaudación y caída de ventas para proveedores. Según el INDEC, la EPH muestra sistemáticamente que la tasa de desocupación en los aglomerados urbanos del área metropolitana suele superar la media nacional; aunque el artículo de Infobae no da una cifra puntual, el dato clave es estructural: la vulnerabilidad del empleo en centros urbanos grandes (según INDEC). Para un comerciante, traducido: si baja la demanda en el conurbano, los márgenes se achican y se reducen las compras a proveedores locales.

¿Cómo impacta esto en el mercado laboral y en tu bolsillo?

Si el desempleo sube en el Gran Buenos Aires, el primer efecto es sobre el consumo de bienes no esenciales: restaurantes, indumentaria y servicios personales son los más sensibles. Para ponerlo en perspectiva, el conurbano concentra millones de consumidores; una variación de unos puntos porcentuales en ocupación puede reducir ventas locales y presionar cierres de comercios. Además, el empleo informal —una variable crítica en Argentina— actúa como amortiguador limitado: cuando se contrae la actividad formal, parte del ajuste recae en la informalidad y en la caída del ingreso real. Las familias lo sienten en el supermercado y en la cuota del colegio: menos ingresos significa postergar compras y servicios. Por eso la advertencia de Arriazu es práctica y no académica: afecta cajas y salarios.

¿Qué pueden hacer el Gobierno y los comerciantes para mitigar el riesgo?

Desde la lente de bolsillo y la de comerciante proponemos cuatro medidas complementarias: 1) monitoreo público y transparente del empleo por aglomerado (que permita respuestas rápidas); 2) políticas de subsidios temporales focalizadas a sectores con mayor pérdida de puestos; 3) estímulos a la formalización que no sacrifiquen recaudación provincial; 4) acumulación de reservas por flujo para dar un ancla macro que reduzca volatilidad cambiaria y tasas (nuestra posición pública previa). Estas medidas deben combinarse con datos públicos: por ejemplo, el INDEC publica la EPH trimestralmente; una política seria exige usar esos datos y actualizaciones del BCRA y los ministerios.

Conclusión: qué significa esto para la política económica

La advertencia de Arriazu empuja a traducir el debate macro a efectos micro. No se trata solo de cifras en un balance: detrás de cada puesto de trabajo hay una familia que gasta en el barrio y sostiene a un comercio y proveedores. Apoyamos la acumulación de reservas por flujo y la transparencia en los ingresos externos, como ya planteamos, pero insistimos en reglas que protejan el empleo formal y la verificación pública de los flujos. Si el Gobierno avanza con reformas, debe acompañarlas con medidas de acompañamiento laboral y fiscal local. De lo contrario, el riesgo que señala Arriazu —más desempleo en el Gran Buenos Aires— puede transformar una corrección macro en una crisis social y fiscal local.

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