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De curtiembre a parque LED: cómo Lumiverse rehizo Murillo 666

Una antigua fábrica de cueros en Villa Crespo se transformó en Lumiverse, un local de juegos LED con siete salas, circuito de una hora y capacidad para 42 jugadores por turno.

Publicado el 28 de febrero de 2026, 14:09 hs

De curtiembre a parque LED: cómo Lumiverse rehizo Murillo 666

Se reconvirtió la histórica fábrica de cueros de Murillo 666 en Lumiverse, un local de juegos LED interactivos que ofrece siete salas, un circuito de una hora y capacidad para hasta 42 jugadores por turno, según La Nación. El proyecto ocupa un edificio que durante casi cuatro décadas albergó actividad industrial y ahora propone experiencias que mezclan reflejos, ejercicio y trabajo en equipo; el precio informado es de $32.000 por persona para mayores de 12 años y $25.000 para menores, según La Nación.

¿Qué es Lumiverse y cómo funciona?

Lumiverse es una adaptación privada de formatos lúdicos que se popularizaron en el exterior: según La Nación, el equipamiento fue importado de China y el desarrollo del local llevó cerca de un año. El recorrido completo dura una hora y está organizado en siete salas — Más Piso Más Lava, Murillo Rush, Basket Flow, Pelotas en Juego, Misión Láser y El Gran Ojo — con turnos que permiten hasta 42 jugadores simultáneos por rueda, según La Nación. Las dinámicas combinan modos cooperativos, competitivos e individuales, y el target es amplio: la nota contrasta niños de 5 años que asisten con adultos y mayores de 60 que participan activamente. El formato se vende como actividad para cumpleaños, after office y grupos familiares; hay versiones con pérdida de vidas y otras aptas para chicos pequeños.

¿Qué dice esta reconversión sobre la ciudad y el uso del espacio público?

Vemos la transformación de una curtiembre en un polo de ocio tecnológico como un síntoma de dos procesos urbanos: por un lado, la reutilización de patrimonio industrial; por otro, la privatización de experiencias colectivas en clave comercial. La llegada de Lumiverse a Villa Crespo —Murillo 666— trae actividad a un edificio que dejó la industria tras casi cuatro décadas, según La Nación, pero también plantea preguntas de accesibilidad: abre martes a jueves de 16 a 22, viernes de 16 a 0, sábados de 13 a 0 y domingos y feriados de 13 a 22, según La Nación, horarios que requieren conectividad y transporte eficaces para ser inclusivos. Desde nuestra posición, estas iniciativas funcionan mejor si se integran en políticas metropolitanas que consideren movilidad, precio y oferta cultural, no solo como emprendimientos aislados; por eso insistimos en planificación plurianual y datos abiertos para evaluar impactos y demandar infraestructura.

¿Es una moda pasajera o una tendencia de fondo?

El lugar reproduce una lógica que ya vimos en otros mercados: importar un formato probado y adaptarlo al consumo local — en este caso, con equipamiento chino y un diseño pensado para rotación intensiva de clientes, según La Nación — y apuntar a múltiples segmentos (familias, empresas, adultos jóvenes). La pregunta clave es si el fenómeno se escala hacia un nuevo tipo de ocio urbano o si queda como nicho de alto ticket: el valor por persona informado — $32.000 para mayores y $25.000 para menores, según La Nación — sugiere que hoy compite en la franja media-alta del mercado de entretenimiento. Vemos además un riesgo habitual en este tipo de reconversiones: la dependencia de insumos y tecnología importada, y la falta de mecanismos que garanticen inserción laboral local más allá de empleos precarios temporarios. La recomendación editorial es simple: celebrar la creatividad sin perder el mapa urbano; para que iniciativas así mejoren la ciudad deben acompañarse con políticas de acceso, datos públicos sobre uso y coordinación metropolitana que eviten que la cultura activa quede confinada a burbujas de consumo.

Lumiverse es, en resumen, una historia de adaptabilidad urbana y consumo tecnológico: un edificio que durante casi cuarenta años fue fábrica hoy es un circuito de juegos LED que pone en jaque nuestras ideas sobre ocio, patrimonio y acceso. Según La Nación, la experiencia deja siempre cuentas pendientes: el próximo turno será la revancha, pero también la pregunta sobre quiénes pueden permitirse jugar.

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